Lectura: Lucas 2:8-20
Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. Lucas 2:11.
Los cristianos están divididos en su opinión acerca de la Navidad. Algunos quieren darse por vencido y entregársela a las tiendas por departamentos. Otros quieren salvarla y usarla para decir algo importante del nacimiento de Jesús a un mundo secular cansado. Yo, por ejemplo, me identifico con el segundo grupo.
Años atrás, un viejo pionero viajó hacia el oeste cruzando las grandes praderas hasta que hizo un alto abruptamente al borde del Gran Cañón. Se quedó abstraído mirando lo que tenía en frente: un inmenso abismo de 1 milla [casi 2 km] de profundidad y 18 millas [unos 29 km] de largo, que se extendía más allá de lo que alcanzaban a ver sus ojos. Boquiabierto dijo: «¡Algo debe haber pasado aquí!»
En la Navidad, cualquiera que se detenga a mirar y a escuchar debe hacerse algunas preguntas respecto al porqué de todo el ruido y la prisa. Una persona que preste atención, al ver las luces, las decoraciones, las festividades y los cultos religiosos debe también concluir: «¡Algo debe haber pasado aquí!»
Claro que pasó algo. Hemos de contárselo al mundo. Dios ha visitado nuestro planeta. Su Hijo Jesucristo vino a revelar a Dios y a morir por nuestro pecado (Jn. 1:1-14).
Son las mejores noticias que se hayan proclamado jamás. Dios se hizo uno con nosotros para que vivamos para siempre con Él. ¡Feliz Navidad!
Dios vino a vivir con nosotros para que nosotros pudiésemos vivir con Él.
NPD/--HWR